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Nada con tanta fuerza y menos un virus en su aparente invisibilidad, había cambiado tanto al mundo como lo hizo el popular Covid-19 (COrona VIrus Disease2019) y en tan poco tiempo.

Desde su aparición, este virus no dejó de impresionar por la larga cantidad de tesis referidas a su origen y a su impacto.

Todas ellas van desde ideas de concebir los nuevos formatos de guerras mundiales; ya no con balas, sino con nuestro propio código genético, alterando mortalmente nuestra biología, aunque el resultado, sin balas o con virus, seguiría siendo el mismo; muerte.

Algunas otras representaciones del virus pasan por la purga o limpieza mundial propiciadas por los líderes globales, asumiendo un estilo simplemente indiferente de “ni modo, a quien le toque”, porque la cantidad de almas en el planeta ya no es controlable; al fin y al cabo, la plutocracia mundial es poder.

Otras ideas versan sobre la capacidad de poderío y control que tendrían algunos países si tomaran las riendas de la economía mundial en el futuro inmediato, siendo un muy productivo caldo de cultivo, la globalización y las tendencias políticas que, siendo contrarias a los ojos de la sociedad, siempre se mueven bajo condiciones similares: economía y poder.

Sin embargo, ya sean las ideas que exponen la masiva y lenta eliminación de la humanidad o el ágil y rápido control del mundo por medio de la economía mundial, lo cierto es que hay un cambio significativo a causa de un agente infeccioso invisible a los ojos de la humanidad, pero con efectos claramente visibles que afectan e impactan en la humanidad del hombre moderno, sin importar su ubicación en la geografía o en la sociedad.

Corona Virus-19
Corona Virus Desease -19

La inesperada llegada de este virus trajo consigo serios problemas a nivel mundial y, seguramente, producirá nuevos y mutados inconvenientes todavía, pero también nos está permitiendo abrir los ojos hacia nuevos escenarios, nuevos mundos concebidos en la imaginación humana, pero aún no aplicados en su real dimensión ni en la realidad.

Y, en efecto, una de ellas es la comunicación social, en tanto disciplina y como extensión del ser. Ambas enteramente maleables por las necesidades de comunicación humana y, como diría Eduardo Galeano: “por las pasiones humanas”. La comunicación social es en esencia, el principio de la historia.  

Jorge Manrique hubiera dicho: “Cualquier tiempo pasado fue mejor”, en alusión a los tiempos actuales, pero todo tiempo pasado siempre sería mejor dependiendo de donde nos encontráramos. Si fuesen los años 70’s, tiempos pasados hubieran sido mejores, así como los años precedentes a los actuales.

Pero poco interesa cuantos años en el pasado regresemos o que los primeros años de la era cristiana hayan sido los mejores, lo que en verdad importa es que existe un cambio y una transformación en la forma de comunicarnos que no ha sido progresiva, sino más bien, invasiva. Por lo que nos hace ver un futuro con mayor inquietud, más aun cuando las construcciones sociales y los acercamientos humanos ahora se ven en otra dimensión.

Hace unos decenios atrás, allá por los años 70’s del siglo pasado, cuando muchos de la generación X estábamos reconociendo el mundo, por lo menos aquel que podían nuestros ojos ver, ya que la globalización se encontraba también en una etapa creciente y la tecnología del Internet en una naciente aparición, la comunicación se limitaba todavía a la telegrafía, telefonía fija, microondas y otras que componían el mundo tecnológico de la comunicación y la relación social.

Las relaciones y las comunicaciones humanas estaban sujetas a los alcances que la propia tecnología había definido para la época, pero digamos que no nos dolió tanto porque ya nos era bastante familiar y creíamos que no representaba ninguna amenaza. 

Mientras que el repentino advenimiento de la tecnología, particularmente la del Internet; ha sido disruptiva, catapultándonos a escenarios, en todas las áreas, desconocidas. Muchas de ellas aún lo son y, aunque los procesos de adaptación trabajan a su máxima potencia, no siempre es suficiente.

La vertiginosidad del internet y sus formas de comunicación humana y tecnológica son tan aceleradas que no nos alcanza el tiempo para sistematizar la actualidad y, mucho menos, para analizarla o reflexionarla.

Si nos volvemos a trasportar a los años 70’s cuando el Internet todavía se encontraba en su etapa larvaria y, desde luego, en las incipientes formas de comunicación tecnológica y digital, el virus (covid-19) si se hubiera manifestado en aquel tiempo, es probable que su impacto fuera menor y, de hecho lo hubiera sido, justamente porque la tecnología; tan fiel amante y complaciente de los deseos de la humanidad, no había alcanzado a concedernos la conectividad y la facilidad de transportación por efectos de la globalización, conceptos dinámicos que mueven nuestras relaciones humanas hoy.

Pero “cómo extrañar aquello que no conocemos”, la comunicación del hombre en aquella época no era tan sofisticada, con tanta conexión ni demandaba de la tecnología tantos y diversos dispositivos como los que hoy nos relacionamos tanto en tiempo, como en sentimiento. Estamos -por la tecnología-, más cerca y conectados los unos de los otros, como nunca lo hubiéramos estado, donde el tiempo y la distancia son meras ilusiones.

Si, solo era la necesidad de estar más conectados, más unidos, más cercanos, más relacionados, de sentirnos humanos y hermanos, y que en casi cinco decenios, habíamos logrado tener todo eso. Todo lo que nos imaginamos. El futuro de las comunicaciones parecía andar por senderos controlados por el propio hombre. Nada peor que subestimar a la propia naturaleza.

Ahora que, a propósito de la cuarentena mundial, muchos estuvimos más cerca y más unidos entre nuestras familias, el COVID-19 ha disparado otro inesperado predicamento; pensar en el futuro con una inquietud poco antes observada, motivado por el desasosiego de la cercanía de la enfermedad y la muerte, pero quizá más fuertemente haya marcado en el mismo hombre, la sensación de quedarse, eventualmente, encerrado con su propio “yo”.

Y en buena medida, estos pensamientos del hombre y su propio “yo” habrán de guiar, en los siguientes años, el destino de muchos campos, áreas y disciplinas de las que la comunicación ahora nos interesa.

Si pudiéramos fantasear con el tiempo que vendrá, podríamos aceptar como siempre, algunos problemas humanos como el divorcio o la pobreza y, aunque con cierta incertidumbre, los diferentes enfoques de género, pero la disociación del humano con la tecnología, sería motivo de análisis psicopatológicos por trastornos psicológicos.

La tecnología pasará de ser un instrumento o herramienta al servicio de la humanidad, a ser una parte del cuerpo, extensiones de nuestros sentidos que nos harán ver o escuchar mejor y, por tanto, nos convertirá en súper humanos, digamos que una burda analogía con el Übermensch nietzschiano.

En cierta forma, la tecnología experimentará su mejor apogeo gracias a las limitaciones de nuestros sentidos o; mejor aún, en algunos casos, a la habilitación mecánica de aquellos que se hayan perdido.

El mundo que vendrá; será, en suma, estrictamente tecnológico con la presencia de inteligencia artificial. Así como recordaría Andrés Oppenheimer (2018) en su libro “Sálvese quien pueda”:

“Era el mismo tipo de robot que había visto atendiendo al público en varios restaurantes de Tokio. La máquina de unos 1.20 metros de altura, con una tableta electrónica en el pecho para dar información e interactuar con los clientes, fijó sus ojos en mi apenas me vio entrar -un sensor en a frente le permite ver cuando alguien entra en la sucursal bancaria-y me dijo con una voz intencionalmente robótica, pero cálida: “Bienvenido, soy Pepper”.

Las actuales y futuras generaciones; fieles amantes de la tecnología, conscientes de su habilidad de manejo tecnológico, vivirán subyugados, inconscientes de su dependencia y los trastornos de una vida 3D, a la que con frecuencia combinarán y confundirán la realidad real con la realidad virtual.

La tecnología se convertirá en un gran artífice de realidades y sub-realidades, una ilusionista sin precedentes. Donde el factor clave es y será la comunicación, la sensación irrestricta de vínculos cercanos con los que más queremos.

Dispositivos más sofisticados, pero con la sencillez con la que George Lucas muestra en la “Guerra de las Galaxias” a la unidad R2D2 mostrando un holograma con un mensaje de la princesa Leia Organa a Obi-Wan Kenobi, nos acercarán a nuestros amigos y seres queridos en el que se podrá interactuar en tiempo real, tamaño y resolución natural y donde los kilómetros que nos distancian serán las megas que nos acercan.

Holograma R2D2
Escena de la Guerra de las Galaxias de George Lucas

Lo que viene es tan intenso como aquello que no conocemos, a la que la imaginación será lo único a la que podremos apostar.

Bibliografía

Eco, H. (2011). Apocalípticos e integrados. 2da. reimpresión. Ed. Fábula Tusquets Editores, Barcelona. 

Oppenheimer. A. (2019). ¡Sálvese quien pueda!. El futuro del trabajo en la era de la automatización. Ed. Debate. 

CÓMO CITAR ESTE ARTÍCULO. SISTEMA APA

Coca, J. (10 de mayo de 2020). Comunicación del futuro. La catapulta fue un virus. Recuperado el (fecha de revisión del artículo, dd/mm/aa), de https://www.metusia.com/publicaciones/coleccion-hombre-del-futuro/comunicacion-del-futuro/

Acerca del autor

Comunicador social con maestría en comercio y relaciones internacionales.
Escritor, investigador y docente universitario.
Ex-presidente del Colegio de Comunicadores Sociales de Cochabamba y secretario de prensa de la Federación de Profesionales de Cochabamba, Bolivia.


José A. Coca

Comunicador social con maestría en comercio y relaciones internacionales. Escritor, investigador y docente universitario. Ex-presidente del Colegio de Comunicadores Sociales de Cochabamba y secretario de prensa de la Federación de Profesionales de Cochabamba, Bolivia.

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