Cambios y nuevos paradigmas en la comunicación digital, producto de una incesante necesidad de comunicarnos.

Lo analógico y lo digital de la comunicación humana, requiere de distinciones que no ofrezcan conjeturas radicales que podrían crear controversias mal planteadas, derivando en la comprensión de acciones comunicativas enteramente separadas y estrictamente definidas entre solo lo analógico o solo lo digital de la comunicación, o peor aún, suponiendo la decadencia de la comunicación interpersonal a consecuencia de una comunicación digital”.

José A. Coca

La necesidad de comunicarnos

Hasta hace unos decenios atrás, la importancia y el estudio de la comunicación radicaba en la interacción humana definida en el “cara a cara”; básicamente, comunicación personal o interpersonal, proporcionándonos un contexto que podríamos relacionarlo con lo “analógico” de los estudios e investigaciones de las primeras tres partes del siglo pasado.

Comparativamente con la época actual, la comunicación no deja de ser importante, pero cambia su variable de estudio a una impulsada enteramente por la tecnología; lo que le da un carácter aún más complejo, debido a las progresivas manifestaciones comunicacionales en el ámbito digital.

En cierto sentido, la llamada comunicación digital, como concepción primigenia de una etapa nueva de la comunicación, genera comunicación universal a nivel exponencial, donde las capacidades de interacción humana superan cualquier límite o frontera, impulsadas siempre por la tecnología del Internet.

Esta comparación, o si se quiere entender como la relación entre lo “físico y lo digital” de la comunicación humana, requiere de distinciones que no ofrezcan conjeturas radicales que podrían crear controversias mal planteadas, derivando en la comprensión de acciones comunicativas enteramente separadas y estrictamente definidas entre solo lo físico o solo lo digital de la comunicación, o peor aún, suponiendo la decadencia de la comunicación interpersonal a consecuencia de una comunicación moderna o digital.

Desde luego, lo que planteo es una exageración si lo vemos desde la perspectiva unidimensional de entender de forma separada a la comunicación interpersonal o “cara a cara” o, a la comunicación digital.

De hecho, no ocurrirá jamás, mientras la convivencia humana exista o la supervivencia de la humanidad no se contraponga con la eventual eliminación del planeta. Las comunicaciones seguirán siendo personales y en constante intermitencia de actuaciones entre la comunicación física y la digital.

Teóricamente es importante y necesario contar con estas distinciones comunicacionales que versan entre lo físico y lo digital del asunto, pero; en sí, la comunicación humana es una sola y ya.

Por qué nos comunicamos

Nos comunicamos porque existe una necesidad innata de transmitir palabras, sentimientos, emociones y todo aquello que pueda ser transmitido bajo un propósito,  y en el proceso, se involucran diferentes instrumentos que nos ayudan con la finalidad.

Históricamente, la humanidad solo ha ido en búsqueda, no de más comunicación, sino de satisfacción de las necesidades de comunicarse.

Comunicación entre actor y directro en la película La Pasión de Cristo
Acto de comunicación

Bajo este enfoque, vemos que dichas necesidades de comunicación humana no se crean, son innatas; de alguna manera se correlacionan con la primera ley de la termodinámica que dice que la “energía no se crea ni se destruye, solo se transforma”; de donde siempre están en constante cambio, adaptación y acumulación, siendo a su vez, energía que cohesiona y organiza relaciones sociales constantes.

Cada individuo, o como prefiere llamarlo Niklas Luhmann “sistema psíquico”, se basa axiomáticamente en la sociología, “como animal social” comunicativo, por lo que la masividad de la comunicación se convierte en un despertar de las necesidades acumuladas a lo largo del tiempo.

Por esto es que tanto la televisión como el Internet y las redes sociales, particularmente estos últimos, se han desarrollado tan vertiginosamente que nos ofrecen espacios y escenarios de comunicación prácticamente ilimitados.

Nuevo paradigma

En esta parte del artículo, voy a abordar de manera sintética, aspectos teórico fundamentales de la comunicación.

A lo largo de las últimas décadas del siglo pasado, las investigaciones en comunicación social se dieron en diferentes áreas; por ejemplo, estudios de recepción, identidad cultural o comunicación educativa formal.

Con la asunción del internet, como instrumento, particularmente, de comunicación, los estudios y las investigaciones en esta disciplina han tenido que virar hacia escenarios áridos donde la comunicación y la tecnología terminan uniéndose.

Por lo que se hace necesario repensar y/o actualizar los conceptos y las definiciones de comunicación.

Por ahora, no es mi intensión profundizar en la forma en que la comunicación social y humana han ido transformándose, sino más bien, me interesa dejar claro -o por lo menos relativamente-, que el estudio de la comunicación como paradigma teórico conocido hasta hoy, también ha sufrido cambios que tenemos que estudiarlos.

En virtud de aquello, la variable de estudio exclusiva hasta antes del surgimiento social del internet, tenía que ver con la “transmisión” que es de donde surgen las diferentes corrientes, vertientes y paradigmas de la comunicación.

A medida que los avances tecnológicos fueron sumando espacios, los estudios en comunicación muy sutilmente también fueron cambiando, y aunque no hay una construcción teórica definida, la variable de estudia a cambiado.

Hoy el giro de estudios comunicacionales en cuanto a su variable es “interacción y transmisión” lo cual ofrece un cambio paradigmático que debe ser estudiado en los siguientes años con detenimiento y profundidad. 

Qué hacemos con el Internet

No es de sospechar, sino más bien de observar (como técnica metodológica), que pareciera ser la tecnología de Internet, con todos sus recursos y aplicaciones, la promotora de la imperecedera necesidad de comunicación del ser humano.

Por lo mismo, muchos estudios, análisis y estadísticas se refieren a la gran cantidad de información que producimos o subimos cada día al Internet y lo que podríamos hacer con ella, estableciendo una importancia sustancial en el medio como elemento emisor y no precisamente en la propia fuente u origen, de la que, en su ausencia, el medio o la tecnología no tendría lógica.

Por eso mismo, el caldo de cultivo donde los medios masivos de comunicación germinan su desarrollo genuinamente vertiginoso y poco insatisfactorio en el universo de las comunicaciones, radica en la necesidad de comunicación humana patente en toda sociedad y que ha sido la misma que ha proporcionado la oportunidad para que Gutenberg y otros “artesanos” de las letras, en el siglo XV, pudieran masificar la comunicación a partir de la invención de la imprenta, lo mismo que las apariciones de los medios masivos en diferentes épocas y, en esta última etapa, el Internet.

Todos ellos apuntan a la misma relación: “necesidad de comunicación-satisfacción mediante instrumentos de comunicación” (Vásquez, 1985, 8).

Y es aquí donde el desarrollo tecnológico de las comunicaciones cobra sentido y rumbo, y no al revés.

Si lo planteamos desde otro ángulo, son las necesidades humanas de comunicación las impulsoras de un largo e histórico progreso tecnológico que promueven los avances del mundo actual.

Es por lo que deliberadamente sostengo que las grandes revoluciones tecno-mediáticas o el acelerado desarrollo tecnológico son, por antonomasia, la satisfacción de las crecientes necesidades de comunicación humana.

Implícitamente, las innovaciones tecno-mediáticas producen un efecto bumerán que les es devuelto a los consumidores y/o usuarios, pero con un impacto mayor.

El internet como tecnología o como instrumento

Una verbigracia de esto es la influencia del internet y los dispositivos con los que podemos acceder en los núcleos sociales, su impacto se ha visto definido por el uso y consumo de información desde, cada vez, edades más tempranas.

En comparación con la televisión, no sólo la convertimos en la institutriz de nuestros hijos, como advierte Giovanni Sartori, sino que permitimos su influencia de sus contenidos y la fascinación de sus imágenes.

De similar circunstancia pasa con el internet y las redes sociales, pero éste termina siendo el juguete con el que apaciguamos la ferocidad de sus caprichos, ya que las generaciones actuales hacen uso de la capacidad innata que tenemos de explorar, tocar y probar, por lo que parecieran tener conocimientos intuitivos que los hacen verdaderos expertos en el manejo de dispositivos y ubicación de contenidos.

Y entre ambos (televisión e internet), moldean la paideía del hombre del futuro.

Sin embargo, hay razón en esto y es simple, el factor que amalgama el entreverado de estas cosas es la imagen y es poderosa, pero también reveladora en detrimento de la palabra escrita.

Es más sencillo y rápido ver o interpretar una imagen que aprender a leer lo que un conjunto de palabras puedan describir de ella misma. Esta potencialidad es la que el internet aprovecha para sí, convirtiendo todo lo que toca, a diferencia del Rey Midas, en digital.

Desde esta dimensión, la comunicación digital, todavía incipiente en su contextura teórica, es incapaz de analizar la comunicación humana como eje articulador de las tendencias de innovación en la tecnología, a la que atribuimos todavía mayor peso y reconocimiento.

La comunicación digital

Lo cierto es, que la comunicación digital es el engranaje con el que se mueve prácticamente todo el mundo y ha sido la propia comunicación humana la que ha facilitado su desarrollo desde los orígenes del internet con el Arpanet en la década de los años 70’s, pasando por las web 1.0, 2.0, la transición a la 3.0, la web ubicua y la web semántica, hasta lo que en un tiempo más podrá ser la integración de la máquina con el humano.

Para todas estas fases, la comunicación humana o, mejor dicho, la necesidad de la comunicación humana ha sido fundamento.

Para toda generación hay un inicio y un final, y aunque el tiempo no tiene límite, quedan ciertos dogmas a los que el propio tiempo no podrá doblegar, en la que constantemente nos relacionaremos entre nativos y migrantes usuarios de las nuevas tecnologías de comunicación emergentes.

Las futuras invenciones serán en esencia complejas en su arquitectura o en su integración con el humano, pero sustentadas siempre en la simplicidad de la necesidad de la comunicación humana.

Dejamos al final este escrito para reflexionar sobre la propia comunicación y que, a su vez, puedan compartir y opinar.

Bibliografía

Luhmann, N. (2006). “La sociedad de la sociedad”. Ed. Herder. México.

Sartori, G. (1998). “Homo Videns. La sociedad teledirigida”. Ed. Taurus. Buenos Aires, Argentina.

Vázquez, M. (1980). “Historia y comunicación social”. Ed. Alianza. Madrid, España.

Cómo citar este artículo (APA)

Coca, J. (22 de enero de 2020). Comunicación digital: El nuevo paradigma. Recuperado el (fecha de revisión del artículo, dd/mm/aa), de https://www.metusia.com/publicaciones/comunicacion-digital-2/(abre en una nueva pestaña)

Acerca del autor

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Comunicador social con maestría en comercio y relaciones internacionales.
Escritor, investigador y docente universitario.
Ex-presidente del Colegio de Comunicadores Sociales de Cochabamba


José A. Coca

Comunicador social con maestría en comercio y relaciones internacionales. Escritor, investigador y docente universitario. Ex-presidente del Colegio de Comunicadores Sociales de Cochabamba

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