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Comunicación digital

Cerebro y Metusia

Nuevos paradigmas de la comunicación, producto de una incesante necesidad de comunicarnos.

Lo ‘analógico y lo digital’ de la comunicación humana, requiere de distinciones que no ofrezcan conjeturas radicales que podrían crear controversias mal planteadas, derivando en la compresión de acciones comunicativas enteramente separadas y estrictamente definidas entre solo lo analógico o solo lo digital de la comunicación, o peor aún, suponiendo la decadencia de la comunicación interpersonal a consecuencia de una comunicación digital”

La necesidad de comunicarnos

Hasta hace unos decenios atrás, la importancia y el estudio de la comunicación radicaba en la interacción humana definida en el “cara a cara”; básicamente, comunicación personal o interpersonal, proporcionándonos un contexto que en la actualidad podríamos relacionarlo con lo “analógico” y que dieron lugar a los estudios e investigaciones de las primeras tres partes del siglo pasado.

Comparativamente con la época actual, la comunicación no deja de ser importante, pero cambia su variable de estudio a una impulsada enteramente por la tecnología; lo que le da un carácter aún más interesante, debido a las progresivas manifestaciones comunicacionales en el ámbito digital.

En cierto sentido, la llamada comunicación digital, como concepción primigenia de una etapa nueva de la comunicación, genera comunicación universal a nivel exponencial, donde las capacidades de interacción humana superan cualquier límite o frontera, impulsadas siempre por la tecnología del Internet.

Esta comparación, o si se quiere entender como la relación entre lo “físico y lo digital” de la comunicación humana, requiere de distinciones que no ofrezcan conjeturas radicales que podrían crear controversias mal planteadas, derivando en la compresión de acciones comunicativas enteramente separadas y estrictamente definidas entre solo lo físico o solo lo digital de la comunicación, o peor aún, suponiendo la decadencia de la comunicación interpersonal a consecuencia de una comunicación moderna o digital.

Lo cual no tendría sentido y no ocurrirá jamás, mientras la convivencia humana exista o la supervivencia de la humanidad no se contraponga con la eventual eliminación del planeta, pero es susceptible de al menos pensarla. 

Las comunicaciones seguirán siendo personales y en constante intermitencia de actuaciones entre la comunicación física y la digital.

Teóricamente es importante y necesario contar con estas distinciones comunicacionales que versan entre lo físico y lo digital del asunto, pero; en sí, la comunicación humana es una sola y ya.

Por qué nos comunicamos

Nos comunicamos por la existencia de una necesidad de hacerlo y en el proceso se involucran diferentes instrumentos que nos ayudan con el propósito.

Históricamente, la humanidad solo ha ido en búsqueda, no de más comunicación, sino de satisfacción de las necesidades de comunicarse.    

Bajo este enfoque, vemos que dichas necesidades de comunicación humana no se crean, son innatas y de alguna manera se correlacionan con la primera ley de la termodinámica que dice que la energía no se crea ni se destruye, solo se transforma; de donde siempre están en constante cambio, adaptación y acumulación, siendo a su vez, energía que cohesiona y organiza relaciones sociales constantes.

Cada individuo, o como prefiere llamarlo Niklas Luhmann “sistema psíquico”, se basa axiomáticamente en la sociología, “como animal social” comunicativo, por lo que la masividad de la comunicación se convierte en un despertar de las necesidades acumuladas a lo largo del tiempo.

Por esto es que tanto la televisión y el Internet, particularmente este último, se han desarrollado tan vertiginosamente que nos ofrecen espacios y escenarios de comunicación prácticamente ilimitados.

Qué hacemos con el Internet

No es de sospechar, sino más bien de observar (como técnica metodológica), que pareciera ser la tecnología de Internet, con todos sus recursos y aplicaciones, la promotora de la imperecedera necesidad de comunicación del ser humano.

Por lo mismo, muchos estudios, análisis y estadísticas se refieren a la gran cantidad de información que producimos o subimos cada día al Internet y lo que podríamos hacer con ella, estableciendo una importancia sustancial en el medio como elemento emisor y no precisamente en la propia fuente u origen, de la que, en su ausencia, el medio o la tecnología no tendría lógica.

Por eso mismo, el caldo de cultivo donde los medios masivos de comunicación germinan su desarrollo genuinamente vertiginoso y poco insatisfactorio en el universo de las comunicaciones, radica en la necesidad de comunicación humana patente en toda sociedad y que ha sido la misma que ha proporcionado la oportunidad para que Gutenberg y otros “artesanos” de las letras en el siglo XV, pudieran masificar la comunicación a partir de la invención de la imprenta, lo mismo que las apariciones de los medios masivos en diferentes épocas y, en esta última etapa, el Internet.

Todos ellos apuntan a la misma relación: “necesidad de comunicación-satisfacción mediante instrumentos de comunicación” (Vásquez, 1985, 8).

Y es aquí, donde el desarrollo tecnológico de las comunicaciones cobra sentido y rumbo, y no al revés.

Si lo planteamos desde otro ángulo, son las necesidades humanas de comunicación las impulsoras de un largo e histórico progreso tecnológico que promueven los avances del mundo actual.

Es por lo que deliberadamente sostenemos que las grandes revoluciones tecno mediáticas o el vertiginoso desarrollo tecnológico son, por antonomasia, la satisfacción de las crecientes necesidades de comunicación humana.

El internet como tecnología o como instrumento

Implícitamente, las innovaciones tecno mediáticas producen un efecto bumerán que les es devuelto a los consumidores y/o usuarios, pero con un impacto mayor.

Una verbigracia de esto es la influencia del internet y los dispositivos con los que podemos acceder en los núcleos sociales, su impacto se ha visto definido por el uso y consumo de información desde, cada vez, edades más tempranas.

En comparación con la televisión, no sólo la convertimos en la institutriz de nuestros hijos, como advierte Giovanni Sartori, sino que permitimos su influencia de sus contenidos y la fascinación de sus imágenes.

De similar circunstancia pasa con el internet, pero éste termina siendo el juguete con el que apaciguamos la ferocidad de sus caprichos, ya que las generaciones actuales hacen uso de la capacidad innata que tenemos de explorar, tocar y probar, por lo que parecieran tener conocimientos intuitivos que los hacen verdaderos expertos en el manejo de dispositivos y ubicación de contenidos.

Y entre ambos (televisión e internet), moldean la paideía del hombre del futuro.

Sin embargo, hay razón en esto y es simple, el factor que amalgama el entreverado de estas cosas es la imagen y es poderosa, pero también reveladora en detrimento de la palabra escrita.

Es más sencillo y rápido ver o interpretar una imagen que aprender a leer lo que un conjunto de palabras puedan describir de ella misma. Esta potencialidad es la que el internet aprovecha para sí, convirtiendo todo lo que toca, a diferencia del Rey Midas, en digital.

Desde esta dimensión, la comunicación digital, todavía incipiente en su contextura teórica, es incapaz de analizar la comunicación humana como eje articulador de las tendencias de innovación en la tecnología, a la que atribuimos todavía mayor peso y reconocimiento.

La comunicación digital

Lo cierto es que, la comunicación digital es el engranaje con el que se mueve prácticamente todo el mundo y ha sido la propia comunicación humana la que ha facilitado su desarrollo desde los orígenes del internet con el Arpanet en la década de los años 70’s, pasando por las web 1.0, 2.0, la transición a la 3.0 y la web ubicua, hasta lo que en un tiempo más podrá ser la integración de la máquina con el humano.

Para todas estas fases, la comunicación humana o, mejor dicho, la necesidad de la comunicación humana ha sido fundamento y razón.

Para toda generación hay un inicio y un final, y aunque el tiempo no tiene límite, quedan ciertos dogmas a los que el propio tiempo no podrá doblegar, en la que constantemente nos relacionaremos entre nativos y migrantes usuarios de las nuevas tecnologías de comunicación emergentes.

Las futuras invenciones serán en esencia complejas en su arquitectura o en su integración con el humano, pero sustentadas siempre en la simplicidad de la necesidad de la comunicación humana.

Bibliografía

Luhmann, Niklas. (2006). “La sociedad de la sociedad”. Ed. Herder. México.

Sartori, Giovanni.  (1998). “Homo Videns. La sociedad teledirigida”. Ed. Taurus. Buenos Aires, Argentina.

Vázquez, Manuel. (1980). “Historia y comunicación social”. Ed. Alianza. Madrid, España.

CÓMO CITAR ESTE ARTÍCULO. SISTEMA APA.

Coca. José A. (2019, January 2). Comunicación digital. Metusia.Com.
https://www.metusia.com/publicaciones/comunicacion-teorica/comunicacion-digital/

Acerca del autor

Comunicador social con maestría en comercio y relaciones internacionales.
Escritor, investigador y docente universitario.
Ex-presidente del Colegio de Comunicadores Sociales de Cochabamba y secretario de prensa de la Federación de Profesionales de Cochabamba, Bolivia.


José A. Coca

Comunicador social con maestría en comercio y relaciones internacionales. Escritor, investigador y docente universitario. Ex-presidente del Colegio de Comunicadores Sociales de Cochabamba y secretario de prensa de la Federación de Profesionales de Cochabamba, Bolivia.

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