Los medios masivos son fruto de la evolución histórica de la humanidad y de nuestra propia necesidad de comunicarnos. De ahí procede su origen y definición.

Una de las grandes preguntas, e incluso preocupaciones, de los estudios de las ciencias de la comunicación social, tiene que ver con el intento de responder a la pregunta: ¿Cuál es el origen y la definición de los medios masivos de comunicación?

Responder a dicha pregunta no es nada sencillo. Gran parte de las teorías y los estudios de la comunicación social, intentan responderla abstrayéndose solo a un plano o a una dimensión; es decir, solo intentan dar respuesta desde lo estrictamente comunicativo o lo estrictamente histórico. Cuando la comunicación y la historia de la humanidad, son prácticamente una sola. 

Esta relación es la piedra angular para entenderlos (definición), pero quedaría cercenada en su estructura y organización si no recurriéramos a la historia (origen) para reconocerlos.

Ambos escenarios, origen y definición, son vitales en estos tiempos modernos de cambios y adaptaciones, para comprender a los medios masivos en la sociedad actual.

Primeras visiones sobre los ‘media’

Indudablemente, los medios masivos de comunicación son fascinantes en sí mismos, lo que ha ocasionado que muchos autores reaccionen a este encantamiento para intentar solo comprenderlos y, en el proceso, definirlos o solo (otros) “explicar” su origen.

Quizá algunos más teóricos, han preferido mantener una mirada más objetiva en el poder de los medios o en la influencia que generan sobre sus audiencias.

Desde luego, no desestimamos, en absoluto, el trabajo de ninguno de ellos, pero también entendemos que estas diferentes visiones de los ‘media’ crearon confusiones que se han formado por el estudio estricto de uno de estos dos enfoques, ya sea, indistintamente, su origen o su definición.

Al estudiar solo un enfoque, no siempre tenemos un panorama diverso ya que el mismo no ofrece alternativas que amplifiquen la interpretación de la realidad sobre los medios masivos.

Producto de lo que acabamos de mencionar, se encuentra esta confusión sobre los medios masivos (de comunicación) con el transporte o las vías carreteras que unen poblaciones o ciudades; como dice Raymond Williams: “desde la Revolución Industrial se ha producido un desarrollo tan grande de este tipo de comunicación —canales, ferrocarriles, buques, coches, aviones— que a menudo, cuando decimos comunicaciones, nos referimos a estos medios de transporte” (Williams, 1978, 15), por lo que el mismo autor justifica esta barahúnda diciendo: “entiendo por comunicación el proceso de transmisión y recepción” (Williams, 1978, 15).

Por eso, mantenemos nuestra tesis que para entender y/o definir a los medios masivos, también debemos estar conscientes tanto de su origen como de su estructura teórica establecida en sus diferentes definiciones, para evitar constantes reajustes, ya que ambos enfoques están inherentemente ligados entre sí.

Y si revisamos con cierto detenimiento la historia humana, encontraremos que es en buena medida, reflejo de la historia de la comunicación humana y social.

Entre la historia y la teoría.

No es menester del presente artículo ahondar en los sucesos de una cronología histórica que dieron origen a los medios de comunicación, que para eso existen muchas obras de las que podemos rescatar a la de Manuel Vásquez Montalbán Historia y comunicación social”, que escudriña con mucho acierto, en un ensayo documentado, los grandes hitos de la comunicación humana y social desde la propia prehistoria.

Nuestro propósito, sin embargo, es reconocer su origen desde la misma historia, para entenderlos en su estructura teórica expresada en las definiciones que le fueron dadas.


Hombre leyendo un periódico sentando en una banca

Imagen de José Manuel de Laá en Pixabay

Es de alguna manera apropiado empezar contextualizando el origen de los media desde la disciplina de la antropología, básicamente porque los medios masivos de comunicación se constituyen en extensiones de nuestros sentidos; por ejemplo, un libro y/o un periódico son en esencia palabra de quienes los escriben, perpetuándose como las extensiones de voz y pensamiento de los autores (emisores) y, a su vez, como extensiones de escucha y oído de quien las leen (receptores).

Lo mismo sucede con cualquier otro medio masivo de comunicación, son extensiones sensoriales tanto de quienes nos transmiten información en texto, imagen y audio como de quienes vemos, escuchamos o leemos esa comunicación. 

Mas esta maraña de datos e información cobran sentido si nos remontamos en el tiempo hasta el año 1456, sigo XV, cuando Gutenberg imprime la Biblia, “a partir de un tipo móvil susceptible de alinearse para componer palabras y líneas” (Vásquez, 1985, 55) proporcionándole, al mismo tiempo, su condición inherente de masivo, aunque en ese tiempo, el concepto de masividad era completamente desconocido.

Esta audaz y presumiblemente loca idea para su tiempo, marcó un hito histórico importantísimo para la propia comunicación social, ya que es precisamente donde nacen los ahora conocidos medios masivos de comunicación social.

Origen de los medios masivos

La imprenta se constituye en el primer instrumento masivo de comunicación y no precisamente por la invención en sí misma, sino más bien, por su capacidad de replicar, con la misma base de impresión, copias de información, haciéndolo masivo.


Imagen de National Geographic

Para dicha época, una tirada de 10 ejemplares -solo por dar un número y para efectos didácticos- proporcionaba un efecto masificador, ya que esa misma información podían leer diez personas.

El nacimiento de la imprenta es el nacimiento del instrumento con el que se puede hacer comunicación masiva, y con la impresión de la Biblia, el nacimiento del primer medio de comunicación masiva.

Con el tiempo, la imprenta tuvo que evolucionar a causa de la propia necesidad de comunicarnos e informarnos, propiciando el escenario ideal para que el periodismo -en principio como oficio- pudiera paulatina y sistemáticamente adueñarse del artilugio creado por Gutenberg.

De acuerdo con la historia, el primer periódico fue de origen francés y se llamó “La gacette de France” de Theofraste de Renaudot, casi uno y tres cuartos de siglo [175 años] después de la invención de Gutenberg (Vásquez, 1985).

De ahí para adelante, con la imprenta como enseña que enarbolaba el inicio de su gran poderío, ésta se tradujo, en un poco más de tres siglos, en dos medios masivos de comunicación: por un parte, se mantuvo la esencia con la que había nacido; impresión de  libros, y permitió, por la otra, que se desarrollase el periodismo como disciplina y el periódico como medio masivo de comunicación social, pero más importante aún, la relación social a través del tratamiento de la información.

A estos factores, es importante añadir que la imprenta no condujo su éxito como medio masivo de comunicación por sí sola, la intervención de otros elementos como la escritura y la lectura, fueron también esenciales para su popularidad.

Marshall McLuhan ya lo dice: “Gracias a la sencillez del alfabeto, la escritura se ha hecho práctica común; ha dejado de ser un dominio más o menos exclusivo de las clases sacerdotales y otras clases privilegiadas, como lo fue en Egipto, Mesopotamia o China” (McLuhan, 1962, 45).

Este aspecto nos remonta, ineludiblemente, a la instrumentalización del principio histórico del cual parte el primer medio de comunicación masiva: la escritura y la lectura. 

Y aunque las sociedades de ese tiempo eran mayoritariamente analfabetas, la enseñanza de habilidades para la escritura y la lectura se propagaron rápidamente, así como los libros y los documentos impresos.

En consecuencia, tomando a la imprenta como instrumento, al periodismo como disciplina y al periódico como medio masivo, no habrían tenido la misma fuerza de creación y poderío, sin la invención del alfabeto y, por ende, a la educación como transmisor de las habilidades tanto para la escritura como para la lectura.

Por tanto, no es casualidad que los medios masivos hayan emergido en situaciones y momentos diferentes de la historia. Cada uno de los medios, incluyendo al internet, tuvieron su tiempo en el orden dado por la dinámica de las necesidades humanas de comunicación.

Y esto mismo incluye a su éxito, fascinación y poder; no son medios que labran su fama convencionalmente, son medios que nacen de las necesidades de comunicación humanas y buscan satisfacerlas, por lo mismo, es una relación connatural de transferencia de poder, la misma que la sociedad les otorga a los gobernantes, pero sin fecha de caducidad, sin exigencias y sumisamente.

Sabiendo ahora que el instrumento con el que nació el primer medio de comunicación fue la imprenta, determinar o definir lo que son los medios masivos, resulta una tarea eminentemente más sencilla.

Definición de los medios masivos

Ya lo dice el propio Manuel Vásquez: existe una “relación: necesidad de comunicarse – satisfacción mediante instrumentos de comunicación” (Vásquez, 1985, 8), que es susceptible de entenderse que el origen o nacimiento de los medios masivos de comunicación se sustenta en nuestras propias necesidades de comunicación, aspecto que ya nos introduce en la definición de los medios.

En ese afán, una definición básica versaría así: “los medios masivos de comunicación social son instrumentos que transmiten información a través de un tipo de proceso de comunicación humana en particular (masiva y/o colectiva) entre un emisor activo y un receptor pasivo”.

Esto quiere decir que el instrumento no es el medio en sí, sino las condiciones que las hacen o los convierten en medios; recordemos que no existe ningún tipo de comunicación en el que no intervenga en los extremos una unidad o unidades bióticas; es decir, siempre en la comunicación humana (elementos de la comunicación) habrá un emisor y un receptor humanos sin importar el tipo de comunicación.


Mujer comunicándose con otras personas

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

Del mismo modo, dependerá en gran medida del elemento emisor, el tipo de instrumento que usará para convertirlo o no en algún tipo de medio masivo, lo cual incluye a los contenidos y su tratamiento que serán difundidos.

Por este aspecto es que se entiende que el emisor es activo porque recopila, procesa, incluye, elimina, etc. información que será transmitida al receptor (pasivo hasta cierto grado) que utiliza la información para replicarla y dejarse influenciar.

La imprenta, dependiendo del propósito, puede imprimir libros o periódicos; una cámara filmadora podrá captar imágenes que compongan una película, una publicidad, un vídeo clip o una noticia o un micrófono podrá capturar sonidos (música, voz, efectos especiales) que se transformarán después en un programa radial, a lo que es preciso sumar, la manera en la que se difundan para entenderlos como medios masivos.  

Por ejemplo, un libro es un medio de comunicación masivo al igual que el periódico, el cine, la radio y televisión o una página web en el internet. Todos ellos buscan transmitir algo, el libro conocimiento, la película una idea o una historia, la radio, la prensa y la televisión, información, datos y entretenimiento, pero no todos tienen la misma relación de tiempo y cantidad de transmisión.

Por ejemplo, un libro o una película toman más tiempo para su edición y producción, mientras que la prensa, un programa de radio o televisión deben hacerlo en menos tiempo y con una frecuencia mayor, mucho mayor será en el internet en cuanto a la frecuencia de producción y transmisión.

En definitiva, el emisor y el tipo de instrumentos usados definen al medio, pudiendo incluso, crear híbridos como los audios, imágenes y vídeos enviados a estaciones de radio o televisoras locales en lo que ahora, comúnmente, se les denomina reporteros ciudadanos.

Los medios masivos se convierten en tales en correspondencia con su propósito, por lo que, en cierta manera, esta idea de conceptualizar a los medios masivos de comunicación social desafía la convencionalidad de las teorías y paradigmas acuñados durante el siglo pasado.

Desde luego, este es un tema que presenta diferentes aristas de estudio y diversos escenarios de conocimientos, por lo que esperamos sirva este artículo como el preludio para que puedas seguir analizando y reflexionado sobre el mismo.

BIBLIOGRAFÍA

  • McLUHAN, Marshall. 1962. “LA GALAXIA GUTENBERG GÉNESIS DEL “HOMO TYPOGRAPHICUS” Ed. Galaxia Gutenberg. España.
  • VÁQUEZ, Manuel. 1985. “HISTORIA Y COMUNICACIÓN SOCIAL”. Ed. Alianza editorial. Madrid, España.
  • WILLIAMS, Raymond. “LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL”. Ed. Península. Tercera edición. Barcelona, España.

Cómo citar este artículo (APA)

Coca, J. (3 de enero de 2019). Medios masivos: Origen y definición. Recuperado el fecha de la revisión del artículo (dd/mm/aa), de hhp://www.metusia.com/publicaciones/comunicacion-teorica/medios-masivos-de-comunicacion-origen-y-definicion


José A. Coca

Comunicador social con maestría en comercio y relaciones internacionales. Escritor, investigador y docente universitario. Ex-presidente del Colegio de Comunicadores Sociales de Cochabamba

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