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Los detalles que se observaron en los ojos de la Virgen de Guadalupe son: un indio en el acto de desplegar su “tilma” o túnica ante un franciscano; al propio franciscano en cuyo rostro se ve deslizarse una lágrima; un paisano muy joven, la mano puesta sobre la barba con ademán de consternación […] ¡el mismo episodio relatado en lengua náhuatl por un escritor indígena en la primera mitad del siglo XVI y editado en aquella lengua azteca y en castellano por Lasso de la Vega en 1649! (Benítez, 1982).

Introducción

El siguiente artículo, forma parte de un bloque establecido para varias entregas. En él, se pretende mostrar brevemente la construcción del mito de la cultura y la Virgen de Guadalupe en sus orígenes Mesoamericanos.

Para aquellos que llegaron al nuevo mundo encomendados a Dios, las tierras a las que habían llegado hacía alrededor de 30 años, eran ahora su feudo. Los dioses (teotl) del pueblo Mesoamericano, hasta ahora entendidos como una fuerza sagrada impersonal y elevada al universo, comenzarían a cambiar.

El culto en el cerro del Tepeyac fue tomando relevancia. Y a su festividad, también fueron uniéndose los indios recién convertidos al cristianismo. 

Entre 1550 y 1600, […] la creencia en el poder milagroso de la imagen de la Virgen de Guadalupe creció y el culto en el cerro del Tepeyac, estimulado por fray Alonso de Montúar, se siguió expandiendo (Zires, M., 1994, pág. 287).

Las veneración en el cerro del Tepeyac, tienen sus orígenes antes de la llegada de los españoles, pero después del asentamiento español en tierras de lo que posteriormente se denominó México, comenzó a extenderse en el mismo cerro, el Tepeyac, el culto y la advocación mariana.

En el mismo lugar donde se celebraban ritos prehispánicos a dioses y diosas de la cultura mesoamericana, comenzó el culto a una imagen de la iconografía cristiana.

Ya antes, en 1556, fray Francisco Bustamante, franciscano, criticaba abiertamente al arzobispo Montúfar y al culto en la ermita “intitulada de Guadalupe en donde se adoraría a una imagen pintada por un indígena llamado Marcos” y se incitaría a la idolatría y a predicar milagros incomprobados. (Zires, M., 1994, pág. 285).

La Virgen, de nombre Guadalupe, se cree que proviene de Extremadura donde existe una Virgen del mismo nombre desde el siglo XIII. Su etimología bien pudiera ser en palabras de Jacques Lafaye, Guad- al- lupe, que traducido del árabe significaRío oculto.

Los comienzos del acontecimiento y del culto Guadalupano en el siglo XVI

En tiempos del segundo obispo de México, fray Alonso de Montúfar, segundo arzobispo de México (1551-1572) se prodigó un acercamiento a las prácticas religiosas indígenas. Esta política de conciliación, permitió; por ejemplo, que los indígenas mantuvieran sus actos rituales y el nombre de las deidades que veneraban. 

El nuevo obispo, llegó a México en 1554 y permitió -según fray Bernardino de Sahagun- que los predicadores les hablaran de Tonantzin a los indígenas queriendo hablar de la Virgen María. (Zires, M., 1994, pág. 285).

Alrededor del cerro donde se celebra la Virgen, existían varios lugares de sacrificios utilizados por grupos de indígenas que venían de distintas zonas. El cerro donde se celebra la Virgen de Guadalupe era conocido por la gente del lugar como Tepeyac y los españoles lo llamaban Tepeaquilla.

En este cerro se veneraba a la madre de los dioses Tonantzin, que quiere decir Nuestra Madre (“La Madre de Dios” fue el nombre que se le dio en el inicio a la ermita guadalupana). Los sacrificios en su honor, venían a hacerlos desde toda la comarca de México. Dato importante para entender lo conocido que era este lugar entre los indígenas. Todos conocían tanto a la diosa como a la fiesta con el nombre de Tonantzin. Y es en ese mismo lugar, donde se levantó la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe.

Dentro de un margen de suficiente seguridad podremos dar por cierto que la ermita del Tepeyac fue una de las edificadas por los primeros misioneros franciscanos donde los indios tenían adoratorios dedicados a sus antiguas deidades; una ermita, pues, levantada en obsequio de la política misionera de sustituir el culto idolátrico por el cristiano (O’Gorman, E., 1986, pág. 8).

Otro hecho importante, para poder entender la gran aceptación que tuvo la imagen y el mensaje de María de Guadalupe entre los pueblos indígenas, es quizá, la existencia de algunos puntos en común, que permitieron el diálogo transcultural. Teniendo en cuenta además de que dicho mensaje, supo adaptarse tanto al ámbito espiritual como al apartado físico.

Llama la atención que, en Tlaxcala, así como en otras regiones mesoamericanas, la política de conversión de los franciscanos siguió las mismas pautas que la del arzobispo Montúfar. Según Nutini, esta política se podría denominar de “sincretismo guiado”, “política que los frailes franciscanos aplicaron conscientemente por dos razones principales: convertir rápidamente a los indios y suavizar el impacto de la conversión forzada y también hacer que la nueva religión resultará más aceptable a las masas de la población india” (Zires, M., 1994, pág., 286).

La apropiación del espacio

Un claro ejemplo de esa adaptación que no debemos pasar por alto, comienza con la apropiación del espacio, mediante la adaptación del nuevo ritual. Antes de la llegada de los españoles, el Tepeyac, era un centro religioso del imperio Azteca con una fuerte tradición religiosa para los pueblos mesoamericanos.

En este lugar, había un templo dedicado a la madre de los dioses, a la que llamaban, Tonantzinque quiere decir nuestra madre. La imagen que se veneraba era pues, la de una divinidad femenina. Teniendo en cuenta este hecho, resulta más fácil entender cómo los pueblos indígenas fueron adaptando a su imaginario la imagen de la Virgen de Guadalupe.

Ahora bien, aquí se considera que los procesos de sincretismo no se dejan explicar solamente como efecto de una voluntad o intención manifiesta y consciente. Las políticas evangelizadoras se caracterizaban por contener incoherencia y además tenían que ajustarse a procesos múltiples de resistencia y aceptación que se iban generando en Nueva España (Zires, M., 1994, pág. 286).

La imagen de la Virgen de Guadalupe

La propia imagen de la virgen de Guadalupe, también tuvo un papel importante en la adaptación del culto, presentándose como símbolo legible para todos. Ya que era un acto común entre los pueblos prehispánicos transmitir los conocimientos a través de pinturas, la imagen de la Virgen no resultó ser un elemento extraño.

Hay que mencionar, llegados a este punto, que la Virgen que allí se comenzó a venerar en efecto había sido traída de España y que; por lo tanto, en esos entonces ya podíamos hablar, en cierta medida, de expresiones culturales en contexto migratorio.

La Virgen de Guadalupe conocida en Europa en tiempo de la conquista era la Virgen de Guadalupe de la región de Extremadura, de donde provenía Hernán Cortés, fiel devoto de esta Virgen (Zires, M., 1994, pág. 287).

Tilma Juan Diego
Tilma de Juan Diego

En la imagen podemos destacar un factor de gran importancia para entender el sincretismo iconográfico que se puso en práctica con la Virgen: los rasgos de María de Guadalupe, tienen una relación directa con los pueblos mesoamericanos. El mestizaje de su rostro, el color de su piel o incluso sus ojos, presentan una imagen adaptada de la iconografía renacentista occidental al nuevo contexto colonial. El rostro de la virgen no es indio ni español, sino mestizo. (González Fernández, 2005, págs., 143-185).

Se puede decir que:

  1. Hubo probablemente una primera imagen de una Virgen europea, tal vez la de la Virgen de Guadalupe de Extremadura antes de 1556, por la cual la ermita levantada llevaba el nombre de “La Madre de Dios” (según O’Gorman 1986, 7);
  2. Posiblemente haya habido una “figuración” de la Tonantzin, la cual estaba contigua al templo (según De la Maza 1981, 23);
  3. En 1556 se puso subrepticiamente por encargo del obispo Montúfar otra imagen de la Virgen de Guadalupe de Extremadura, que fue pintada por el indio Marcos al que alude fray Francisco de Bustamante (según O’Gorman 1986);
  4. Alrededor de 1575, se cambió esta imagen por la actual pintura de ayate con la Virgen morena de Guadalupe, que no se parece en lo absoluto a la Virgen de Guadalupe de Extremadura, una Virgen con niño (según Francisco de la Maza, Florescano y Lafaye); y (e) alrededor de 1600 se cambia el calendario de fiestas de la Virgen del Tepeyac a diciembre que hasta ese entonces se celebraba en septiembre 10 (fecha muy cercana a la de la celebración de la Virgen de Guadalupe de Extremadura, el 8 de septiembre) (según Lafaye 1977, 331).

Los relatos de la aparición

La tradición de los relatos de la aparición de la Virgen al indio Juan Diego, comienza a darse en la época en la que se cambiaron las imágenes y las fechas festivas, alrededor de 1587. Todos estos hechos, se narran en un documento escrito en náhuatl, aproximadamente hacia 1560 por Antonio Valeriano y titulado Nican Mopohua. El original de este documento aún no se ha encontrado.

En la biblioteca de Nueva York, se guarda una copia escrita en papel amate. A este documento, se le añaden otros escritos referidos a otros autores como es el caso del “Nican Motecpana” tribuido a Don Fernando de Alva Ixtlilxóchitl. Y un breve documento anterior al Nican Mopohua atribuido al intérprete entre las conversaciones de Zumárraga y Juan Diego.

Es pertinente advertir aquí la existencia de una brevísima narración de las apariciones guadalupanas conocida como la “Relación primitiva” que se supone anterior al Nican mopohua o en todo caso independiente de éste, y que se atribuye al canónigo Juan González, supuesto intérprete en las conversaciones de Zumánaga y Juan Diego. El texto existe, pero todo lo demás es puro cuento (O’Gorman, E. 1986, pág., 42).

En 1649, Luis Lasso de la Vega lo tradujo al castellano. Su título, Nican Mopohua, quiere decir Aquí se cuenta, se ordena. Se toman por título estas palabras porque con ellas empieza la narración de los hechos que le sucedieron a Juan Diego.

Aquí se cuenta, se ordena, cómo hace poco, milagrosamente se apareció la Perfecta Virgen Santa María Madre de Dios, nuestra Reina, allá en el Tepeyac, de renombre Guadalupe.

Primero se dejó ver de un pobre indio llamado Juan Diego; y después se apareció su preciosa imagen del nuevo obispo don fray Juan de Zumárraga (se cuentan) todos los milagros que ha hecho.

Diez años después de tomada la ciudad de México, se suspendió la guerra y hubo paz en los pueblos, así como empezó a brotar la fe, el conocimiento del verdadero Dios, por quien se vive.

A la sazón, en el año de mil quinientos treinta y uno, a pocos días del mes de diciembre, sucedió que había un pobre indio, de nombre Juan Diego, según se dice, natural de CuautitlánTocante a las cosas espirituales, aún todo (el indio Juan Diego) pertenecía a Tlatilolco .

Esperamos que el material te sirva y, sobre todo, que lo hayas disfrutado. Puedes compartirlo como incentivo para mayores entregas.

Bibliografía

  • Benítez, J. J. (1982). El misterio de la Virgen de Guadalupe: sensacionales descubrimientos en los ojos de la Virgen mexicana.
  • González, F. (2005). Guadalupe: pulso y corazón de un pueblo: el acontecimiento guadalupano, cimiento de la fe y de la cultura americana (Vol. 243). Encuentro.
  • Lafaye, J. (1977). Quetzalcóatl y Guadalupe. (Prefacio de Octavio Paz).
  • O’Gorman, E. (1986). Destierro de sombras: luz en el origen de la imagen y culto de Nuestra Señora de Guadalupe del Tepeyac (Vol. 36). Universidad Nacional Autónoma de México.
  • Zires, M. (1994). Los mitos de la Virgen de Guadalupe. Su proceso de construcción y reinterpretación en el México pasado y contemporáneo. Mexican Studies/Estudios Mexicanos10(2), 281-313.

Cómo citar este artículo

Carrero, E. (6 de septiembre de 2019). La imagen de la Virgen de Guadalupe en la lucha de independencia. Recuperado el (fecha de revisión del artículo) de https://www.metusia.com/publicaciones/la-imagen-de-la-virgen-en-la-lucha-de-independencia/.

Este trabajo cuenta con licencia CC BY-NC 4.0

Acerca del autor

Artísta, escritor, expositor y fotógrafo español.
Maestría internacional en estudios migratorios.


Efraín Carrero Ruiz

Comunicador social con maestría en comercio y relaciones internacionales. Escritor, investigador y docente universitario. Ex-presidente del Colegio de Comunicadores Sociales de Cochabamba y secretario de prensa de la Federación de Profesionales de Cochabamba, Bolivia.

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