Resumen

Desde el inicio de la antropología, el símbolo, ha estado presente en las preguntas de los antropólogos. En las primeras incursiones hacia la búsqueda de las sociedades tribales, los estenógrafos, buscaron otorgar sentido a los actos que estas sociedades, bajo su cultura y simbolización, manifestaban en sus liturgias. Actos inscritos en rituales tan difíciles de entender para los que no compartían tales símbolos y, por supuesto, para aquellos que no compartían la misma cultura.

Introducción

Fijándonos en los estudios antropológicos y concretamente en algunos que pertenecen a la antropología simbólica, estos, estudian la cultura entendida  como un sistema de símbolos y significados compartidos. La interpretación de las culturas, de Clifford Geertz, es uno de los estudios que han alentado este apartado de la investigación antropológica. En este, se propone el estudio de las culturas, atendiendo a como estas, se manifiestan a través de símbolos.

Celebraciones culturales bolivianas

La cultura podría definirse, entonces, como el proceso de continua producción, actualización y transformación de modelos simbólicos (en su doble acepción de representación y de orientación para la acción) a través de la practica individual y colectiva, en contextos históricamente específicos y socialmente estructurados (…)”mundos concretos y bien delimitados” de saberes, valores, creencias y practicas por los que una cultura particular (musulmana, cultura de la clase media urbana, etcétera) se contrapone a otras Giménez Montiel, 2005).

Qoa boliviana
Rital de Qoa a la Pachamama

El objeto de estudio de la antropología simbólica es el símbolo. Entiende la cultura como un sistema de símbolos y significados compartidos. Y la antropología se define como el estudio de dicho sistema. La antropología simbólica responde entonces a la necesidad de estudiar la forma en que las culturas humanas se manifiestan a través de símbolos y la relación entre esos mismos símbolos, como factor de gran influencia en la acción social (Vallverdú, 2008).

En el sentido extensivo con que aquí lo asumimos, siguiendo a Geertz, lo simbólico es el mundo de las representaciones sociales materializadas en formas sensibles, también llamadas “formas simbólicas”, y que pueden ser expresiones, artefactos, acciones, acontecimientos y alguna cualidad o relación (Giménez Montiel, 2005).

Clifford Geertz, ha sido considerado el creador de la antropología simbólica moderna. Su trabajo se centra en estudiar el modo en el que las personas interpretan el entorno y las acciones de los miembros de la sociedad.

Todas estas interpretaciones se establecen, según Geertz, por medio de símbolos y procesos, como por ejemplo los rituales; y a través de ellos los seres humanos dan significados a sus acciones. En definitiva, se trata de una forma  de lenguaje. Según el autor, en cada sociedad el hombre cae permanentemente en la necesidad  de obtener lo que él llama “fuentes de iluminación simbólica”, que le ayudan a realizar un completo sistema  de significados (Vallverdú, 2008).

El símbolo como concepción abstracta

Símbolo proviene del latín symbolum y es la representación perceptible de una idea. No la ejecución, si no el contenedor de un valor que toma su sentido en la medida en que influya más o menos en las relaciones sociales de un determinado grupo social. “El simbolismo, puede definirse entonces como un método o procedimiento que utiliza los símbolos para expresar ciertas ideas, pensamientos o conocimientos” (Vallverdú, 2008).

Los símbolos, pueden tener muchos niveles y significados; su interpretación, suele depender del contexto. Una bandera por ejemplo, puede tener connotaciones positivas para un sector de la población y a la misma vez, estar cargada de connotaciones negativas para otra parte de la población. “Una cruz, un corazón, un sol, unos colores, una bandera… son símbolos y no todos los seres humanos tienen una única idea de su representación, como tampoco no todos lo representan siempre de la misma forma: un corazón puede aportar una noción de salud, una noción de amor, etc.” (Vallverdú, 2008).

En este sentido, el símbolo es una representación no verbal de una idea. Codificado dentro de un proceso de asimilación por un grupo o cultura. Esa representación puede presentarse a modo de elemento gráfico, auditivo, visual o figurado. El valor del símbolo radica en la convención social que le otorga un único significado compartido.

Atributos por excelencia  del símbolo son su ambigüedad y su amplia  referencia. Los símbolos pueden tener  muchos niveles  y significados, son  cambiantes y su interpretación depende a menudo del contexto (el fuego puede  ser purificador en los rituales, elemento de castigo en el infierno y símbolo de la luz si se trata  del fuego pascual). Pueden tener  una significación intelectual y una  significación emocional (Vallverdú, 2008).

Los símbolos tienen por función transmitir significados complejos o abstractos siendo más efectivos que la interpretación mediante el lenguaje cotidiano. El simbolismo ha sido usado para transmitir  el conocimiento trascendente y para hacer perdurables las creencias. “Los símbolos se han  dibujado en el interior de las cuevas, se han esculpido o pintado en el interior de las catedrales, se han escrito y se han escondido en la  estructura de monumentos o edificios, etc.  (…) Cada acto religioso  y cada objeto de culto  nos remite  a una  realidad  empírica  (cuando un árbol se convierte en objeto  de culto  ya no es meramente un árbol que es venerado sino  una  dimensión misma  de lo sagrado)” (Vallverdú, 2008).

Mediante el símbolo, se transmite el conocimiento trascendente que permite a los individuos conocer la realidad absoluta de sí mismos y del universo. Es decir, los símbolos permiten y facilitan la transmisión de la cosmovisión y son fundamentales para mantener la percepción del mundo. Desde los tiempos más antiguos, el hombre utilizó  el simbolismo para transmitir el conocimiento trascendente y para mantener a lo largo del tiempo sus creencias (Vallverdú, 2008).

Los símbolos son fuentes de información a partir de las cuales se pueden entender las formas adaptativas de una sociedad al medio cultural generado. Esta información responde a patrones que generan esquemas culturales y el símbolo es su elemento básico.

En lo que se refiere a las estructuras culturales, es decir, a los sistemas de símbolos o complejos de símbolos, el rasgo que tiene aquí para nosotros principal importancia es el hecho de que sean fuentes extrínsecas de información. Por “extrínseco” entiendo sólo que —a diferencia de los genes— están fuera de las fronteras del organismo individual y se encuentran en el mundo intersubjetivo de común comprensión en el que nacen todos los individuos humanos, en el que desarrollan sus diferentes trayectorias y al que dejan detrás de sí al morir (Geertz, 1992).

Los símbolos están en constante construcción dentro de la vida social. La interacción entre elementos ya construidos y elementos generados a partir de nuevos contextos culturales, configura de forma constante tanto los significados que trasmiten los símbolos como la importancia que estos tienen en la vida cotidiana. Los símbolos forman parte  de nuestra  cognición y comunicación. Por lo tanto, de la propia  vida social y de su construcción permanente (Vallverdú, 2008).

Características de la simbolización

Una de las características fundamentales de la simbolización es el poder de influencia directa que ejerce sobre las acciones y comportamientos individuales y colectivos de los miembros de un grupo o sociedad. Esta influencia permite a las personas, obrar de una determinada forma ante circunstancias concretas. Es una especie de reglamentación que influye sobre el poder de decisión de los individuos, estructurando su conducta en torno a una serie de modos de hacer.

Del mismo modo, podemos hablar  del poder  de los símbolos para influir  en la acción, en los comportamientos, individuales y colectivos. El símbolo es un factor estructurador y conciliador, pero su misma fuerza puede convertirlo en un elemento muy peligroso, de gran capacidad  destructiva. Tenemos ejemplos diversos en la violencia  política  o religiosa, o en acciones más inmediatas y coyunturales como el hecho de quemar una  bandera  o derribar  la estatua  de un líder político. Además,  determinadas condiciones sociohistóricas pueden proporcionar a los símbolos unos poderes específicos.  Muchas  veces poseer  el poder  de los símbolos es poseer el poder  político. Otros muchos ejemplos, nos muestran como controlar  los símbolos puede servir para movilizar  la acción política  o religiosa dentro del ámbito de las ideologías (Vallverdú, 2008).

En Determinados contextos socioculturales, donde exista ya una cultura de referencia, como puede ser el país de destino para una comunidad de inmigrantes, los símbolos generados en el país de origen pueden ser un punto de partida en el desarrollo cultural de la comunidad migrante. Mediante la aportación de una serie de características específicas generadas en el contexto migratorio que en el país de origen no tenían o no habían desarrollado, estos símbolos pueden ser redefinidos para adaptarse a la nueva situación. Podrían servir de ejemplo: la capacidad de reconocerse a sí mismos como grupo dentro de un territorio nuevo, la de unión en torno a unos intereses propios, la de mantener elementos de su cultura y además transmitirlos entre generaciones; la capacidad de mantener viva en la distancia la cosmovisión arraigada en su pueblo y la posibilidad de proyectar una forma de vida en el país de destino.

Los símbolos son el significante contextual de los actos de una cultura; permiten ordenar las relaciones sociales por medio de restricciones o regulaciones de ciertos actos o comportamientos para conformar la identidad grupal o compartida. De esta forma, las representaciones propias de una cultura, son el resultado de la organización a través del tiempo y las generaciones de una serie de significados propios expresados en símbolos.

Toda  acción humana es mediatizada, articulada e interpretada por algún sistema de símbolos. Tales sistemas de símbolos son  sistemas estructurados que  permiten dar a la acción social  una significación poco  precisa pero que, situada en un conjunto superior, adquiere una  significación ordenada y coherente. Esta mediación simbólica es totalmente necesaria  para  los procesos de objetivación de la realidad  social,  es decir,  de creación, mantenimiento y coherencia de significados (…) (Vallverdú, 2008).

Conclusiones

En este sentido, ya no hablamos de una cultura en general, sino de culturas específicas que poseen sus propios códigos. La cultura se concibe entonces, como una organización social concreta, que dota de un sentido a sus acciones colectivas. Para conocer una cultura, debemos desglosar primero todas las pautas de significados colectivos: La forma en que se comunican, el valor que otorgan a las cosas que les rodean, sus creencias. Todo un complejo sistema de signos que se encarga de dar forma única a la identidad social que comparten los miembros de una sociedad.

Las formas simbólicas que forman parte del entramado cultural colectivo, son representadas en contextos específicos y, por lo tanto, no se pueden extrapolar a otras sociedades. La cultura, no se puede entender como un ente homogéneo; es más, el concepto de cultura no se puede abstraer de las delimitaciones espaciales en las que se desarrolla.

Las representaciones sociales que se ponen de manifiesto en un determinado contexto pueden ser desconocidas para individuos que no formen parte de este.

Lo que en un lugar como Marruecos nos impide a quienes nos hemos criado haciendo señas captar la significación de las señas de otros no es tanto ignorancia de cómo opera el proceso de conocimiento (aunque si uno supone que ese proceso opera de la misma manera en que opera en nosotros tal suposición contribuirá mucho a que conozcamos menos de tal proceso) como falta de familiaridad con el universo imaginativo en el cual los actos de esas gentes son signos (Geertz, 1992).

Bibliografía

  • Vallverdú, J. V. (2008). Antropología simbólica: teoría y etnografía sobre religión, simbolismo y ritual(Vol. 98). Editorial UOC.
  • Giménez Montiel, G. (2005). Teoría y análisis de la cultura.
  • Geertz, C. (1992). La interpretación de las culturas (Vol. 1). Barcelona: Gedisa.

 

Cómo citar este artículo (APA)

Carrero, E. (9 de marzo de 2019). La simbología de la cultura. Recuperado el fecha de revisión del artículo (dd/mm/aa/), de http://www.metusia.com/publicaciones/cultura/lasimbologiadelacultura/.


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